Se cuenta que, en los Países Bajos del siglo XVII, la gente vendía casas y fortunas para comprar un solo bulbo de tulipán, y que cuando el mercado se derrumbó, miles se arruinaron. Es la historia que suele ponerse como ejemplo de "la primera burbuja financiera". Pero los historiadores modernos creen que gran parte de ese relato es exagerado.
Esto es lo que se sabe con certeza, y lo que probablemente es mito.
El auge
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En la década de 1620, el precio de los tulipanes empezó a subir muy rápido. En 1623, un bulbo llegó a costar 1.000 florines, cuando el ingreso medio anual de una persona rondaba los 150.
En la década siguiente parecía que los precios no tenían techo, y se reportaron ganancias de hasta el 500%. En 1635 se vendieron 40 bulbos por 100.000 florines.
El negocio del aire
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En 1636, una epidemia de peste bubónica provocó escasez de mano de obra y aceleró aún más la suba. Surgió entonces el windhandel ("negocio de aire"), un mercado de futuros sobre bulbos que todavía no habían sido cosechados, a pesar de que un edicto de 1610 lo prohibía. Los compradores se endeudaban y la especulación pasó a hacerse con notas de crédito.
El bulbo más caro
El récord lo batió el Semper Augustus, vendido por 6.000 florines en Haarlem (la fuente no da la fecha exacta). Para comparar: una tonelada de manteca costaba 100 florines, ocho cerdos 240, y un bulbo llegó a equivaler a 24 toneladas de trigo.
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El derrumbe de febrero de 1637
Según el relato clásico de Charles Mackay, el 5 de febrero de 1637 se vendieron 99 bulbos raros por 90.000 florines, la última gran venta. Al día siguiente, un lote de medio kilo se ofreció por 1.250 florines y no encontró comprador. Los precios cayeron en picada y se sucedieron las quiebras.
La revisión de los historiadores
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Hoy esa versión está en discusión. La historiadora Anne Goldgar y otros autores sostienen que "hemos malinterpretado el comercio de los tulipanes". Según esta lectura, el precio sí llegó a niveles récord y cayó bruscamente en 1637, pero el estallido no afectó mucho a la economía neerlandesa ni a la mayor parte de la sociedad: los perdedores habrían sido sobre todo un grupo reducido de especuladores.
Lo que probablemente es mito
Los suicidios en los canales de Ámsterdam son considerados una exageración o directamente una leyenda. También son dudosos los precios más fabulosos y la supuesta intervención del Estado para salvar el mercado, que probablemente no existió.
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Además, el relato clásico se apoya en cuadros, poesías y canciones satíricas de la época, un material que no es un registro económico neutral. Por eso, la tulipomanía es hoy un ejemplo de cómo una buena historia puede ser más popular que los datos.