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El suizo que cruzó América a caballo con dos criollos Argentinos: la hazaña de Mancha y Gato

Entre 1925 y 1928 unió Buenos Aires con Nueva York y Washington montando dos caballos criollos.
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El suizo que cruzó América a caballo con dos criollos Argentinos: la hazaña de Mancha y Gato
Muchos le dijeron que estaba loco. Aun así, el 24 de abril de 1925 un maestro suizo radicado en la Argentina salió de Buenos Aires con rumbo norte, sin saber si llegaría. Se llamaba Aimé Félix Tschiffely, tenía poco más de 30 años y llevaba consigo a dos caballos criollos: Mancha y Gato. Tres años y medio después, los tres seguían en pie en Nueva York.

Un suizo en la pampa

Tschiffely había nacido en Berna en 1895 y, ya adulto, se instaló en la Argentina, donde trabajó como docente. Allí conoció el mundo del caballo criollo, la raza nacida de los animales que trajeron los conquistadores españoles y que se adaptó durante siglos a las pampas y la Patagonia.
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El gran impulsor del proyecto fue Emilio Solanet, criador y defensor de la raza. Según la versión más difundida, Solanet primero se resistió a vender los animales y terminó cediéndoselos al aventurero para demostrar de lo que eran capaces.

Mancha y Gato, dos criollos con historia

Mancha y Gato venían de la Patagonia. De acuerdo con las biografías consultadas, habían pertenecido al cacique tehuelche Liempichún antes de llegar a manos de Solanet. Se los considera descendientes de los caballos que llegaron al Río de la Plata con Pedro de Mendoza, en 1535.
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No eran animales jóvenes ni ostentosos: la apuesta consistía justamente en probar la dureza, la resistencia y la sobriedad del criollo, capaz de aguantar con poca comida y mucho frío o calor.

Una ruta casi imposible

El recorrido salió de Buenos Aires, cruzó los Andes entre Argentina y Bolivia, atravesó los desiertos del Perú y las selvas de Colombia y Panamá, y siguió por América Central y México. En el camino hubo desde climas extremos hasta países convulsionados por guerras civiles.
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En México, el gobierno le asignó una escolta y el presidente Plutarco Elías Calles lo recibió en la capital. La cordillera, con tramos de gran altura, fue uno de los desafíos más duros para jinete y caballos.

¿Cuántos kilómetros fueron?

Acá hay una discrepancia. La cifra clásica es de unas 10.000 millas, equivalentes a unos 16.000 kilómetros. Otras notas argentinas hablan de más de 21.000 kilómetros, catorce países y 504 etapas. Como el trayecto exacto varía según cómo se cuente, conviene tomar esos números como aproximados.

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La llegada a Estados Unidos

El viaje se dio por terminado en septiembre de 1928. Tschiffely fue recibido en la Casa Blanca por el presidente Calvin Coolidge, y los caballos llegaron en buen estado a Nueva York, donde Mancha desfiló por la Quinta Avenida hasta Central Park.
Los animales además fueron exhibidos durante diez días en el Madison Square Garden, en el marco de una exposición ecuestre, según uno de los relatos consultados. Luego volvieron a la Argentina en barco.

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El libro que lo hizo famoso

En 1933 publicó el relato de la travesía, conocido en inglés como Tschiffely's Ride (Southern Cross to Pole Star), que fue un éxito de ventas y lo convirtió en figura reconocida en Estados Unidos y Gran Bretaña. Se instaló en Londres y siguió escribiendo sobre viajes. Murió en 1954.

Un final junto a sus caballos

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Mancha y Gato murieron en la década de 1940 en la estancia de la familia Solanet, en Ayacucho, provincia de Buenos Aires. En febrero de 1998, según publicó La Nación, las cenizas de Tschiffely fueron depositadas junto a la tumba de sus caballos, tal como había pedido.
Un detalle para el editor de la historia: algunas fuentes mencionan que los animales fueron embalsamados y se conservan en un museo, mientras que otras hablan de su sepultura en Ayacucho. Los relatos no coinciden, así que conviene no afirmar nada más allá de lo documentado.
Hoy la travesía sigue siendo un símbolo del caballo criollo y una de las mayores proezas ecuestres del siglo XX, protagonizada por un extranjero y dos animales argentinos.
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